El aprendizaje no debería de ser impartido igual para todos

¿Sabías qué el modelo educativo fue legislado en Guatemala con el decreto N° 12/1991?, dicho documento enuncia que se debe proporcionar una educación basada en principios humanos, científicos, técnicos, culturales y espirituales, que formen integralmente al educando, lo preparen para el trabajo, la convivencia social y le permitan el acceso a otros niveles de vida. Es bien sabido que la educación ha sido uno de los sistemas que menos reestructuración ha tenido a lo largo de su funcionalidad y sobre todo en Guatemala.

Pero, ¿dónde fluctúa la adquisición del aprendizaje si se proporcionan las condiciones? Pues bien los autores Boticario y Santos (2012), indican que el aprendizaje de las personas depende de cada individuo y su evolución a lo largo del tiempo lo cual está sujeto a un proceso constructivo, activo, autorregulado, situado y social, en el que la participación del educando en el proceso es esencial. 


Debido a su naturaleza intrínsecamente individual, las herramientas formativas deberían considerar la diversidad del que aprende, lo cual implicaria que cualquier plataforma, sistema o servicio educativo ha de ser capaz de atender los principios de igualdad de oportunidades, proporcionar espacios sin discriminación y accesibilidad para las personas con “diversidad funcional” (término más adecuado, especialmente en este contexto, que discapacidad) y también tomando en consideración a las personas neurodivergentes (término utilizado especialmente a personas con trastornos del neurodesarrollo)  (Romañach, 2005).

Ahora bien, la neurodivergencia es un término o concepto utilizado para referirse a personas con autismo, dislexia, déficit atencional, déficit atencional con hiperactividad u otras condiciones que se diagnostican por tener funcionamientos y procesos cognitivos o emocionales diferentes a la mayoría de la población. El concepto de neurodiversidad fue creado por Judy Singer, una psicóloga y socióloga australiana (Martínez, et al 2022). Lo cual complementa el porqué la neurodiversidad hace fluctuar la adquisición de su aprendizaje y demuestra como muchos de los sistemas arcaicos no son compatibles como se creía.

En muchos casos, se ha desarrollado un miedo hacia la diversidad – diversofobia – y un pensamiento que atribuye a la vida personal de los estudiantes sus fracasos y limitaciones, obviando consigo, los procesos de exclusión y marginalización de las estructuras sociales hegemónicas (Arnaiz, 2003; Ocampo, 2015). 

Según el programa Neurodiversidad en el Trabajo de la Universidad de Stanford, entre 15% y ​​20% de la población mundial se considera neurodiversa. Durante la década de 1990 hubo un movimiento que creó conciencia sobre la neurodiversidad y abrazó la inclusión de todas las personas con una posible neurodivergente.

La educación inclusiva busca mitigar dichas concepciones y/o creencias sobre la diversidad y las diferencias humanas, planteando a la diversidad como un valor que acoge múltiples realidades y que no necesariamente debe relacionarse con un déficit, sino que más bien, vislumbrar las potencialidades y los rasgos característicos de cada estudiante como ser humano único e irrepetible (Garanto, como se citó en Méndez et al., 2016).

Por consiguiente, se necesita encontrar nuevos significados para resignificar el concepto de diversidad, unos más afines con su reconocimiento como lo es para lo intrínseco y connatural a todo ser humano y a toda experiencia, (Ocampo, 2015).

Dentro de lo mencionado anteriormente, cabe resaltar la adaptación  de las escuelas en términos estructurales para propiciar un ambiente inclusivo lo cual requiere plantear espacios de convivencia en donde todos los miembros de la comunidad se sientan acogidos y dichos espacios sean adaptados a sus necesidades. Sino también la inclusión por parte de alumnos típicos y maestros capacitados en proporcionar educación acorde a las necesidad individuales. 

La educación inclusiva ha buscado que la enseñanza debe adecuarse a modos y maneras que permitan que cada estudiante pueda desarrollarse en función de sus capacidades, talentos y características (Arnaiz, 2003; Ocampo, 2015). Para esto, se deben plantear propuestas pedagógicas capaces de identificar necesidades comunes y necesidades diferenciadas en sus estudiantes, con el fin de responder asertivamente desde la organización espacial, planes de gobierno, psicoeducación, materiales didácticos entre otros.

Artículo realizado por María Oliveros

Diseño por Caterina Rosito

Referencias:

Boticario, J. G., & Santos, O. C. (2012). Aprendizaje inclusivo centrado en las necesidades de las personas. Avances en estándares, plataformas y desarrollo de servicios de aprendizaje personalizados  https://ruc.udc.es/dspace/handle/2183/13210

Romañach J, Lobato J. (2005). Diversidad Funcional. Comunicación e Discapacidades; http://www.forovidaindependiente.org/ node/138

Martínez, C. S., Moya, F. C., Bertin, J. A., & Rosas, M. B. (2022). Inclusión neurodivergente en el sistema educativo chileno.  https://sanmateo.cl/wp-content/uploads/2022/10/Inclusion-neurodivergente-en-el-sistema-educativo-chileno.pdf

Ocampo, A (2015). Aproximaciones y descripciones generales sobre la formación del objeto de la educación inclusiva. En A. Ocampo (Eds). Cuadernos de Educación Inclusiva Vol. 1. Los rumbos de la educación inclusiva en los inicios del siglo XXI. Cartografías para modernizar el enfoque (24-89). Centros de Estudios Lat. de Educación Inclusiva. https://www.aacademica.org/aldo.ocampo.gonzalez/5.pdf

Méndez, A., Rojas, S. & Castro, J. (2016). Prácticas pedagógicas para la atención a la diversidad. [Tesis de maestría]. Universidad de Manizales.  https://ridum.umanizales.edu.co/xmlui/handle/20.500.12746/2796